miércoles, 2 de agosto de 2017

VENGANZAS Y CONTRAVENGANZAS: “TIO DE LOS HIGOS” CONTRA “PIPO”. EPISODIOS DE LA GUERRA CIVIL EN FUENTE ÁLAMO.



En Fuente Álamo, más que una guerra con víctimas mortales, que hubo alguna, lo que ocurrió realmente fue una guerra de venganzas, unas desatadas con más virulencia que otras. La humillación más grave que produjeron los rojos sobre los nacionales, fue el despejarlos de sus tierras y el provocar su huida a otras zonas, teniendo que abandonar su vivienda y en algún caso, a su familia. Se cuenta que  algunos fueron maniatados y se les obligaba a formar y pasar revista cada día. Tres de ellos fueron apresados durante un corto periodo de tiempo, tras el cual fueron puestos en libertad. A otro, el hecho de regresar para ver sus tierras y al ser considerado espía, le costó la vida en mano de los militares. Era una venganza contra el caciquismo que imperaba en la aldea, de los pobres contra los algo más ricos, porque a los verdaderos terratenientes no los tuvieron a su alcance, pues se refugiaron en sus localidades de origen y no en sus posesiones.
 En cambio, la humillación de los nacionales sobre los rojos, una vez finalizada la guerra, fue de mayor intensidad: con denuncias poco fundamentadas o en alguno de los casos, falsas, que siguieron a procesos inquisitoriales sumarísimos, ingresos en campos de prisioneros o en prisión, despojo de sus bienes, hambre, vejaciones a sus esposas,  incluso el pago con sus vidas en algunos casos. Era una venganza contra la humillación que habían padecido al inicio de la guerra. Claro ejemplo de ello es la siguiente historia:
Unos años antes de iniciase la Guerra Civil, Rafael Z. P. vecino de Alcaudete, conocido por “El Tío de los Higos” se había establecido en Fuente Álamo con el fin de cultivar las tierras de Buenaventura Sánchez-Cañete en el llamado Cortijo Ventura o Coscojar Bajo, que por aquel tiempo era propiedad de Juan Díaz Aguilera. Tierras que a los pocos meses del inicio de la contienda tuvo que abandonar al ser incautadas para la colectivización de las tierras en Fuente Álamo.
 Gregorio G. V., aunque natural de Las Grajeras, trabajaba en Fuente Álamo y su familia estaba vinculada a la Dehesa de Fuente Álamo. Conocido como “Pipo”, era uno de los tres hermanos que formaban la familia. Se trataba de un joven de 24 años, albañil y campesino, que en el año 1931 se había afiliado a la U.G.T.; si bien, al año siguiente, causó baja para darse de alta en la Patronal, debido a que Rafael le había hecho promesa de trabajo y se encontraba en mala situación económica, según declara.
Durante el movimiento obrero de la II República (posiblemente de 1934), Rafael había sido llevado por el mulero Benigno Pérez al Tribunal Mixto de Martos por incumplimiento de las bases, enfrentándose a una multa de 1.500 pesetas. Para evitar la sanción, Rafael preparó a dos testigos falsos, uno de los cuales era Gregorio, bajo la promesa de abonarles 500 pesetas para los dos, promesa que luego incumplió.
 Al inicio de la Guerra, fundamentalmente durante el mes de agosto y primera quincena de septiembre, Rafael, sufrió varios saqueos en su cortijo por parte de los milicianos o miembros de Comité del Frente Popular. En sus declaraciones dice que fueron, entre otros, los hermanos “Pipo”; en otras causas denuncia a los  hermanos Cano Mesa y a otros más, por saqueos al cortijo. En otro expediente contra su hermano Justo, comparece Juan, el día 16 de mayo de 1939, y denuncia que: “Gregorio, Justo y Francisco Alba, al día siguiente de ser puesto en libertad, se presentaron en mi cortijo del Coscojal Bajo, saqueándolo mientras me tenían encañonado, abusando muchísimo, y llevándose después más de 50 gallinas y lo que cogieran en la casa, siguiendo los saqueos al referido cortijo con bastante frecuencia, llevándose gallinas y cuanto quisieron, en una de las ocasiones encañonaron a mi hija niña entonces de 7 años para que no pudiera ir avisar a los vecinos, pues se creyó la niña iban a matar a su madre, tal era la actitud que tenían esos canallas mientras saqueaban”.
 El incumplimiento de las bases del campo por parte de Rafael, más el incumplimiento de la promesa de las 500 pesetas y la del ofrecimiento de trabajo, unido a su tendencia derechista, produjeron un cóctel molotov llamado venganza, cuya mecha fue el estallido de la Guerra Civil.  Así, los hermanos “Pipo”, acompañados de otro miliciano y mandados según ellos, por el Alcalde Pedáneo, fueron al referido cortijo que explotaba Rafael con una orden de citación ante el Comité en la Casa del Pueblo de Fuente Álamo. Rafael que estaba en las faenas de la era, les dijo que se fueran, que después iría él para allá, y así ocurrió, una vez que terminó lo que tenía entre manos. Fue interrogado por el Alcalde y otros miembros del Comité e informado de que había una denuncia contra él por fascista y que tendría que ser trasladado inmediatamente a Alcalá la Real para responder de ese cargo. Al atardecer, ya casi de noche, cuando se disponían a trasladarlo a Alcalá, escoltado por los hermanos “Pipo” y otro, que se habían ofrecido voluntarios; una pistola en mano Marcos “Playa”, miliciano encargado de los presos en San José de la Rábita, impide el traslado y obliga a meterlos en la iglesia de Fuente Álamo, que se había convertido en cárcel.
 De todo ello, queda claro que en principio Rafael acude al llamamiento,  y después de ser interrogado es detenido;  aquí vienen las contradicciones, pues en una declaración de Rafael del día 16 de mayo de 1939 habla de 6 días de detención, y en otra de 3 de junio de 1939 habla de quince días. Pero no es esa la única contradicción en sus declaraciones, pues el 6 de agosto manifiesta: “Que cuando le dijo que tenía que hablar con él que se marchara para la Casa del Pueblo, el declarante dijo que bien esperara un poco o que marchara que él iría por allá. Que el declarante quedó solo y cuando terminó lo que tenía entre manos marchó a la casa del Pueblo de Fuente Álamo que está situada frente a la Taberna de Francisco El Hijo de Amor …” y en la del 16 de mayo de 1939 dice: en ocasión de ir el que denuncia a la casa del pueblo de la Aldea de Fuente Álamo para que le dieran un salvo conducto”. Por lo que se deduce que no fue detenido el 8 de Agosto de 1936 y llevado a presencia del Alcalde tal y como se consigna en la sentencia por la que es condenado Gregorio, sino que fue citado o acudió él voluntariamente. Si bien en otra ocasión, según declara Gregorio, fue escoltado por orden del Alcalde.
 Como hemos visto en esta exposición, tenemos un claro ejemplo de las venganzas y contra-venganzas personales que trajo como consecuencia la Guerra Civil en Fuente Álamo.
En la participación de “Pipo” en la citación, en los saqueos del cortijo, en el ofrecimiento voluntario para su traslado a Alcalá, o tal y como Rafael declara: los hermanos Pipo mientras le tomaba declaración el Alcalde Pedáneo estaban constantemente intimidádnosle con indirectas de que iban a matar a un fascista, que si iba matar a tres fascistas aquella noche y que todos ademanes lo que hacían desenvainando un puñal de que eran portadores”, se pueden ver los signos de una primera venganza a raíz del comportamiento que Rafael tuvo con él antes de la Guerra Civil. Después de terminada la Guerra, una de las veces que Gregorio pasó por Alcaudete, fue visto por Rafael, quien dio orden a uno de los municipales del Ayuntamiento para que le detuviesen, presentado denuncia contra él e iniciándose la contra-venganza.
Sin que a Gregorio se le conozca otros hechos que fueran el de ser uno de los primeros en lanzarse a la calle armado de escopeta y el  de ser  Presidente de las Juventudes Socialistas y como tal actuó; y que según los hechos probados de la sentencia:  “en unión de un hermano suyo y otro miliciano detuvieron el 8 de Agosto de 1936 a D. Rafael., llevándolo a presencia del Alcalde que le interrogó entre las amenazas de muerte que proferían el procesado y su  hermano, después de lo cual estos sacaron al detenido (era de noche) y bajo el pretexto de trasladarlo a Alcalá, quisieron llevárselo, pero ya fuera del local se encontraron con otro con un tal Marcos Playa que pistola en mano les obligó a volver y dejar al detenido en la cárcel”; por todo esto fue condenado a reclusión perpetua, no habiendo quedado mínimamente probado que participara en su detención, si bien, pudo intervenir en su conducción, cumpliendo órdenes de la máxima autoridad local. Su hermano Justo, quien sí estuvo implicado en otros hechos, que también pueden ser motivo de estudio, fue condenado a pena de muerte. Con lo que la contra-venganza se llevó a cabo en su máxima expresión.

Es público que en una ocasión, mediados los años cuarenta, Rafael volvió a Fuente Álamo con motivo de las fiestas de San Antonio de Padua, y encontrándose al que había sido Alcalde Pedáneo durante la Guerra, le hizo un comentario despectivo, sacando pecho como vencedor, le dijo: -¿Todavía no te has muerto, cojo? No reparó en que gracias a dicha autoridad, y según comentario de gente mayor, pudiera él estar con vida; una desgracia que hubiese sido tan injusta, como el cumplimiento de los deseos proferidos. Es más y es mi modesta opinión, si Pipo hubiese querido llevar a cabo su venganza hasta el último extremo, gozó de muchas oportunidades y no lo hizo, cosa diferente es, que tuviese motivos suficientes para llegar a ese extremo. ¿Puede quedar una última venganza sin cumplir, por el tiempo pasado injustamente en prisión y tener la falta de un hermano? Pienso que después de esta publicación, no debe quedar venganza alguna pendiente de cumplir, pues lo que se ha intentado es hacer la justicia que en su día les faltó a uno y a otro.

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