lunes, 10 de julio de 2017

HOMENAJE A LOS ÁRBOLES DESAPARECIDOS DE FUENTE ÁLAMO. PARTE(2)



           La historia de un pueblo quedaría incompleta sin recordar los árboles, plantas o arbustos, y en general a toda la flora que se desarrolla en su territorio. Forma parte de su paisaje natural e histórico y nos trae a la memoria vivencias ocurridas directamente con ellos o alrededor de estos seres vivos. Sin pretender hacer un estudio botánico, sino simplemente un pasaje histórico-descriptivo de aquellos arboles o plantas que nos traen especiales recuerdos por lo emblemáticos que fueron y en algunos de los casos, todavía lo son. Sería una larga lista: los álamos del Pilar, las higueras de Pedro González “Cañuelos”, los granados de Los Callejones, el moral del Cortijo de Cabrera, los cipreses de los Baños, el álamo del Terrero, el ciprés de las Amoladeras, la higuera del Rocastro, la encinas de Clavijo y del Peñón, los terebintos del Cortijo de la Cornicabra, los álamos del Silillo, la noguera del Higuerón, los álamos y las cañicas de la Erilla, la higuera de la familia Malagón, los cerezos de la Haza de Granada, el acerolo de la Casa de la Huerta, los mal llamados árboles “pan de pastor” de La Torre, el esparto y los almendros de la Coronilla, los tarajes de Salado, las selvas del Cortijo de Ardales y en general todos y cada uno de nuestros olivos centenarios. En el presente caso recordaremos algunos de nuestros árboles desaparecidos, atreviéndome hacerlo, en alguno de los casos,  en prosa poética.

CIPRÉS DE LAS AMOLADERAS (Cupressus)


Criado y enterrado en tierras recias de los Ardales. Árbol centenario, desafiaba en solitario, esbelto, puntiagudo, verde oscuro. Contraste puro, con el ejército de olivos que lo asediaban: redondos, pequeños, masivos, verdes olivos. Primo gigante, sereno y extraño, puro ornamento en el campo fuentealameño. Yo no lo vi nacer, yo no lo vi morir.

Veía pasar el tiempo, a los viajantes y viandantes que transitaban por las carreteras de Las Amoladeras. Pasaba desapercibido por no dar fruto prohibido. Apenas fijábamos la vista en sus ramas estáticas, siempre en posición apática de firme militar. Otras veces lo mirábamos, sin tenerle en consideración,  pensando: ¿Qué hace ahí, sin ilusión?  Yo no lo vi nacer, yo no lo vi morir.

No daba más beneficio que al aire purificar; su oficio, tender  ramas para los gorriones anidar. Unas bolitas duras producía, que sólo servían de juego a la niñería. Quizás su tronco tras ser derribado, pudo calentar algún hogar helado. Menos aún esperó de él, quien fuera su ilustre terrateniente (Don Juan Borrego), quien no le visitó ni siquiera en el día de su muerte.  Yo no lo vi nacer, yo no lo vi morir.

Tampoco él esperaba ningún agradecimiento, tan solo el beneficio ajeno de los abonos del terreno. Desapareció viendo pasar el tiempo tristemente y  sin distracción, con la sola compañía de gorriones y olivos sin disposición. Su insignificancia y nuestra ignorancia han hecho que ni siquiera nos percatáramos de su larga estancia. Yo no lo vi nacer, yo no lo vi morir.

 “PAN DE PASTOR” VARIEDAD DE ÁLAMOS


Formaban una línea de 6 ó 7 árboles situados en la parte superior de la linde que se extendía a lo largo de la carretera con inicio de la Caseta de la Luz  y terminada pasada la Casa de las Señoritas, límite con la Torre de Fuente Álamo.
Fueron muchos los nidos de gorrión que llegamos a alcanzar de sus ramas y el mal llamado “pan de pastor” que comimos. Así sus flores mal alimentaban nuestros estómagos aquellas primaveras, con aquel sabor característico que todavía me viene a la memoria del paladar. Sus hojas daban pasto a aquellas cabras hambrientas, para lo cual bajábamos con nuestras manos sus ramas. Solo sus ramas altas e inalcanzables permitían que los gorriones anidasen, y sacar adelante los polluelos que  habían escapado aquellos niños tan trepantes.
Su desaparición fue progresiva, sus troncos se fueron pudriendo por el interior, formándose un hueco, que la lluvia fue penetrando,  produciendo unas setas no comestibles. Uno a uno fueron abandonado la Torre, la Caseta de la Luz, el Molino de Aceite y la Casa de las Señoricas.  El último que recuerdo, ya en los años ochenta del siglo pasado, era el primero de los dos que estaban situados antes de llegar a la Caseta de la Luz, dirección a la Torre. Era el más vigoroso.
Desaparecieron pero dejaron durante unas décadas su descendencia, que se reencarnó en la explanada enfrente de la escuela. Fueron Luis Aguilera y Antonio Pérez quienes los trasplantaron en aquel lugar.  El tiempo y el abandono acabaron con la estirpe en Fuente Álamo y hoy no se ve por aquellos lares esa variedad de álamo.
El “pan de pastor”, que en otros lugares se conocen como majuelos o majuletos.

HIGUERA DE LA FAMILIA MALAGÓN (ficus carica)

Sombra, higos negros y rojos de corazón, hojas de otoño para la escoba de Adoración. Juan Rico Rosa durmió bajo su ilustre regazo y quien lo perturba, piedras lanzaba. Cuando el viento la movía, dulces caramelos caían, para hocico de la mula “Española, pues era su mejor regocijo. Testigo mudo de historias contadas. Durante aquellas largas noches de verano la familia Malagón y las vecinas que a su alrededor sentadas, recordaban nuestra historia pasada. A las sillas de anea o a los poyos al pie de su tronco, su sombra casi perpetua les daba…

ÁLAMO NEGRO DEL TERRERO 

El Terrero, era el lugar donde los vecinos acudían para extraer tierra de color blanco para blanquear la ropa y sábanas. Su propietario, Luis Montes,  tenía que vigilar para evitar hoyos en su parcela y que le sustrajesen el apreciado blanqueador.

Una figura esbelta se veía verdeguear…

5 comentarios:

  1. Admirado Domingo:si nada más adentrarnos en este capítulo, la imaginación, madre de musas y luces nos llevan a imitar al valiente Dédalo, para desde el cielo poder contemplar esos árboles, plantas y frutas a las que los poetas cantaron desde tiempos remotos, tú, cantor de historias de Fuente Álamo, nos dejas disfrutad de ellos con un lirismo y realismo que una vez acabado el viaje, sólo nos queda dejarnos caer como el hijo de Icaro, con el corazón palpitante y compungido. Gracias por seguir creyendo que la belleza pura existió en otros tiempos en Fuente Álamo. Un abrazo.

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    1. Estimado Antonio, seguidor de estas historias, que con ese lirismo con el que las tratas, haces que la imaginación se desborde, a la vez que hace más épico este humilde trabajo, sobretodo fortalece mi creencia en que hubo tiempos en Fuente Álamo que todo era ideal y puro, cercano al bucolismo Virgiliano.

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  2. La alegría de lo inesperado, y las Geórgicas de Virgilio en ese retorno al agro y a la literatura que de esa vuelta habla.
    Eurídice retorna a la tierra en la parieron a mi madre.
    Amigo, gracias.

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    1. Quería escribir en el comentario anterior, "Eurídice retorna a la tierra en la que parieron a mi madre".

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    2. A mí también me alegra, encontrar a gente como Eurídice que ama a sus raíces y retorna a través de la literatura al pueblo de sus antepasados, familias de agricultores, que Virgilio ensalza en sus obras. Un abrazo y muchas gracias por tu aportación que contribuye a hacer más grande la historia de este pueblo con el que tienes tantos vínculos.

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